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ALBERT POTRONY. PASSATGE

COMISARIADA POR FREDERIC MONTORNÉS DALMAU

Cuando, en el año 2020, Albert Potrony se propuso explorar la muerte a partir de dos factores que lo afectan de forma muy significativa —el impacto del coronavirus, a nivel social y global, y la enfermedad de un ser querido y cercano, desde un punto de vista íntimo y más personal—, quizá no imaginaba hasta qué punto se vería impresionado por la red de complicidades que mantiene en vida una de las pocas cosas verdaderamente inevitables de nuestra existencia. Una red de afectos inmensa y estimulante. Una red de afectos, paradójicamente, vital.

Si bien seis años es un tiempo suficiente para volver la vista atrás y contemplar los caminos transitados por un artista en el transcurso de una investigación que aún le abre puertas a cada paso que va dando, creemos que es el momento de analizar el trabajo llevado a cabo por Potrony en los últimos años para señalar, casi como quien realiza una autopsia, la riqueza y la complejidad de un archivo personal construido sobre la base de las contribuciones de grupos e individuos que han participado de modo comprometido en las distintas iteraciones del proyecto Mortales. Se trata, por lo tanto, de abrir en canal un cuerpo de trabajo común para mostrar, con la claridad necesaria, el sedimento de los encuentros, reflexiones y pensamientos compartidos en el marco de un proyecto coral sobre la vida a partir de la exploración de la muerte como estrategia comunitaria para aprender a vivir mejor.  

Esta es la voluntad que destila Pasaje, el último proyecto de Albert Potrony, concebido específicamente para el Centre d’Art La Panera de Lleida y que se podrá ver en la planta 1 del 24 de octubre del 2026 al 31 de enero del 2027. Se trata de un proyecto muy personal que, pivotando alrededor de una obra de reciente producción, invitará al espectador a abrazar la muerte no solo desde perspectivas distintas, sino, sobre todo, la palabra de aquellas personas que la viven intensamente. Día tras día. Muy cerca de los que mueren. Muy cerca de los que viven.

Fiel a una metodología de trabajo consistente en la creación de espacios sociales que se sostienen con la participación de grupos y de individuos, que se nutren de la confluencia de conocimientos, pensamientos y experiencias, y que deriva, una vez procesado el material obtenido, en trabajos de carácter audiovisual, publicaciones, acciones comunitarias u obras deudoras de una práctica escultórica definida por el material y el trabajo con las manos, Potrony rompe ese silencio que relega la muerte a tabú para dimensionar su esencia desde el ámbito del arte modelando reflexiones de distinta índole sobre el envejecimiento, el acompañamiento, los cuidados y el duelo, con exquisita precisión, respeto y cuidado. Al margen de cómo se vive la muerte en nuestra cultura occidental —es decir, en la intimidad, vinculada a la tristeza, el fracaso o la debilidad, o como lo que nunca queremos abordar porque no sabemos qué hacer ni cómo actuar cuando la tenemos enfrente—, la experiencia de mortalidad que capta la atención de Potrony desde La buena muerte (2020) hasta Mortales + (2025-2026) —o sea, desde el primero hasta el último de los trabajos centrados en el tema que nos ocupa— implica entender la importancia de las voces que están más cerca en el tránsito hacia el final de nuestros días.