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Fernando Renes. MERX

A cura d’Antoni Jové

Fernando Renes ha desarrollado una práctica artística rigurosa y coherente —muchas veces, al margen de modas y tendencias—, caracterizada por el uso multidisciplinar del dibujo, la animación, la escultura y la cerámica.

El proyecto que acogerá La Panera aborda el capitalismo o, mejor dicho, el hipercapitalismo actual, en el que los seres humanos somos, a la vez, fuerza de trabajo, consumidores y mercancía de un mercado global e infinito. La idea de mercado genera un vínculo directo con la historia del edificio de La Panera, que fue originalmente un mercado medieval. Sin embargo, el tema es extrapolable más allá de La Panera por su vigencia en el momento actual.

El título de la muestra es «MERX», palabra latina que significa ‘mercancía, bienes muebles’. El término mercancía nos conecta con el mercado, entendido, en su acepción más básica, como el conjunto de transacciones, procesos o intercambios de bienes y servicios entre individuos; no se refiere necesariamente al lucro ni a la actividad empresarial, sino al acuerdo mutuo y voluntario que articula dichos intercambios. Al mismo tiempo, el mercado puede ser concebido como un entorno —tanto social como virtual— que favorece las condiciones necesarias para que estos intercambios tengan lugar. Históricamente, los primeros mercados funcionaban a través del trueque. Con la aparición del dinero, se desarrollaron formas más complejas de transacción y regulación, así como los primeros códigos de comercio, que acabarán dando lugar a las empresas modernas, tanto a nivel nacional como internacional.

Este entramado conceptual, desde una perspectiva plástica, visual y simbólica, constituye el núcleo temático del proyecto. Fernando Renes explora estos procesos a través de una producción que incluye un gran mural de cerámica, piezas de cerámica tradicional, dibujos de gran formato y animaciones audiovisuales. El uso de la cerámica responde tanto a su relevancia histórica como contenedor —como las ánforas que transportaban aceite desde la Bética hasta Roma y que posteriormente se depositaban en el monte Testaccio— como a su papel en la vida cotidiana. Renes muestra un interés especial por la cerámica utilitaria de tradición local, pensada históricamente para el uso doméstico: almacenar, transportar, cocinar. Se trata de una cerámica no decorativa, que solo recientemente ha incorporado funciones ornamentales como estrategia de supervivencia en el mercado contemporáneo. Mediante este diálogo entre función y símbolo, entre producción artesanal y circuitos económicos, Renes invita a repensar la naturaleza del mercado y sus vínculos con la cultura material y el imaginario colectivo.